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PERDÓN MANIPULADOR
Sebastián Wernicke
Los Ángeles
24 de Febrero del 2010
Cuando una persona consciente y sin dolo nos señala un error, no es precisamente para que le pidamos perdón. Esa persona no busca que le pidan perdón, sino que el otro crezca y corrija su falla. No se hace nada con un pedido de perdón, que son meras palabras si no están acompañadas del sentimiento adecuado.
Un verdadero pedido de perdón está acompañado de un sentimiento de paz, de equilibrio interno por haber tomado conciencia del error cometido y con la seguridad que al haber tomado esa conciencia y teniendo esa claridad mental, el error se va a corregir y no se va a volver a cometer.
Se manifiesta la toma de conciencia en voz alta, para que la persona que nos corrige sepa que hay claridad y verdadero reconocimiento de hecho, ambas partes dan vuelta la página y no se vuelve a hablar nunca más del asunto.
Cuando el pedido de perdón va acompañado de un sentimiento alterado, desestabilizado, de culpa, lástima, vergüenza, pena, miedo, angustia, etc..., suceden dos cosas: en primer lugar, no hay claridad mental, no hay estabilidad mental y por consiguiente no hay toma de conciencia.
No se ha comprendido el error y no hay entonces una verdadera concienciación de lo que hay que corregir. Allí surge, de ese cuerpo emocional alterado, la necesidad de justificarse, dar excusas, explicar y buscar la aprobación inmediata y la manifestación de amor y perdón de la persona que nos ha señalado el error.
Se vuelve más importante el sentirse amado y aceptado que el tomar conciencia del asunto. Así, el pedido de perdón reiterativo, que busca esa manifestación de amor, se vuelve manipulador. Se dice: "perdón, perdóname", pero en realidad el sentimiento está diciendo: "dime que me amas, dime que me apruebas, dime que no me condenas, dime que no me odias.
Entonces sucede lo segundo: toda esta carga de sentimientos destructivos, originados en un cuerpo emocional inestable, desequilibrado, que comienza a llorar desconsoladamente, justificándose y buscado aprobación, se convierten en una agresión hacia la persona que nos ha señalado la falla y nos desea corregir, teniendo que lidiar en su propio cuerpo emocional tal descarga tóxica.
Y si es que esa persona fue inicialmente víctima de nuestro error, ahora es doblemente víctima, no sólo del error sino de la descarga emocional de quién lo cometió.
Para poder trabajar eficazmente en cualquier grupo humano es imperativo darse cuenta de todo esto y dejar de una vez por todas el cuerpo emocional a un lado.
Si se cometen errores y hay alguien que los señala, óigase lo que se tenga que oír, conciénciese lo que tenga que concienciarse, manifiéstese la toma de conciencia sin justificaciones, excusas ni aclaraciones, corríjase lo que hay que corregir, y sígase adelante.